Los satélites de comunicaciones son un medio para emitir
señales de radio y televisión desde unas zonas de la Tierra hasta otras, ya que
se utilizan como enormes antenas suspendidas del cielo. Las frecuencias que manejan
son elevadas, en el rango de los GHz. La elevada direccionalidad de las antenas
utilizadas permite "alumbrar" zonas concretas de la Tierra. El primer
satélite de comunicaciones, el Telstar 1, se puso en órbita el 10 de julio en
1962,1 teniendo lugar la primera transmisión de televisión vía satélite ese
mismo año.
El periodo orbital de los satélites depende de su
distancia hacia la Tierra. Cuanto más cerca esté, más corto es el periodo. Los
primeros satélites de comunicaciones tenían un periodo orbital que no coincidía
con el de rotación de la Tierra sobre su eje, por lo que tenían un movimiento
aparente en el cielo; esto hacía difícil la orientación de las antenas, y
cuando el satélite desaparecía en el horizonte la comunicación se interrumpía.
Satélites de órbita baja (LEO)
Como hemos dicho, los satélites con órbitas inferiores a
36 000 km tienen un período de rotación inferior al de la Tierra, por lo que su
posición relativa en el cielo cambia constantemente. La movilidad es tanto más
rápida cuanto menor es su órbita. En 1990 Motorola puso en marcha un proyecto
consistente en poner en órbita un gran número de satélites (66 en total). Estos
satélites, conocidos como satélites Iridium se colocarían en grupos de once, en
seis órbitas circumpolares (siguiendo los meridianos) a 750 km de altura,
repartidos de forma homogénea, a fin de constituir una cuadrícula que cubriera
toda la tierra. Cada satélite tendría el periodo orbital de 90 minutos, por lo
que en un punto dado de la tierra, el satélite más próximo cambiaría cada ocho
minutos.